Silencio

Night scene in Luxembourg

La noche caída y oscura, con tan solo la luz de una pequeña lampara de IKEA, escribo estas palabras en los pocos minutos que me quedan antes de acostarme. Me gusta este silencio, un silencio que no es total. Un silencio que va y viene, entre sonidos asociados a la tranquilidad.

De vez en cuando, en la distancia, se oyen coches, y otros tipos de transporte de las urbes. No dejo que estropeen mi momento de paz. Simplemente son parte de este “decor” de ciudad pequeña en la que nací. Disfruto del momento pensando en la ironía del sonido que hace mi teclado cuando escribo. Me intereso por el hecho de que no me molestara antes de darme cuenta. Nuestro cerebro es fascinante, no solo anatómicamente, pero sobre todo en la práctica, en las ideas que tiene o deja de tener.

Muchas veces, esas ideas son demasiadas y poco concretas. La impaciencia del momento puede llegar a ser peligrosa. Todo a su tiempo. Lo que busco no es el silencio a mi alrededor necesariamente, más bien, busco un silencio interno. Un silencio mental y ocasional, que me deje ver el mundo con la atención que se merece. Al final, la Vida es solo una colección de todas las experiencias en las que estuvimos presentes y atentos…